Este conjunto de Asturias ha logrado algo que no se conseguía en España desde hace bastantes años: sobresalir dentro de un Rock progresivo que parecía olvidado en nuestro país. Aquí no nos hemos elevado con el impulso de la onda creada por la resurrección de la corriente, como sí ha pasado en Inglaterra o Estados Unidos, así que analizar una obra como “Tránsitos” se convierte en un placer para los oídos de aquel buen amante de los giros experimentales.
Senogul es toda una apuesta por la rama clásica, tanto la impuesta en los años setenta como la reivindicada por los conjuntos de los ochenta abanderados del Neo progresivo. Poco o nada se asemejan a propuestas de Metal sinfónico, a no ser que entendamos como tal el manejo casi industrial de unos instrumentos que los King Crimson llevaban a terrenos desconocidos con su irrepetible “Three Of A Perfect Pair” (“Microcosmos Blues” es el ejemplo presentado por los asturianos). El resto parece dejarse bañar por unas u otras aguas. No puedo dejar de recordar el inicio del “Paintbox” de Pendragon al adentrarme en “Dr. Gull / Racionalidad”, destello que desaparece, únicamente mantenido por el piano, para soplar a glorias de la década de oro del progresivo inglés (¿alguien ha nombrado a Steve Hackett?). Todo ello termina rezumando cierto toque The Tangent, otros amantes del revival con laureles.
Destacando algunas sorpresas más, me veo en la obligación de hablar de la fusión entre dos distanciados puntos del mapa nacional para pergeñar algo como “Tango Mango”. El título quiere llevarnos a la Argentina de Gardel, aunque a mí no me consigue robar esa sensación de tomar esto y aquello entre los andaluces Cai de Chano Domínguez y la insustituible Companya Elèctrica Dharma catalana. Mi último soplo lo guardo para “La Mulata Eléctrica”, con la que, y si no fallo como adivino, apostaría que Senogul quieren reverenciar la obra de los Iceberg de 1976, álbum en el que se contenía “La Flamenca Elèctrica”.
Resumiendo, y como calificación más que merecida, no dudo en apuntarles como una de las promesas que más pueden calentar la escena de aires sinfónico-rockeros. Toda una jugada para ganar grandes contiendas en cinco pasos, pisadas profundas con forma de canciones con enjundia.
Sergio Guillén